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Siete tareas para crear contenidos y escribir mejor
Primera tarea: escribe
Escribe todos los días, no solo cuando la inspiración decide aparecer. Escribe para ti, para tu diario o para la papelera del ordenador. No todos los textos tienen que acabar de inmediato en tu blog.
El objetivo es construir un proceso de trabajo fiable. Escribir es una habilidad, y las habilidades se oxidan cuando no se practican. Algunos borradores serán lo bastante buenos para publicarlos. Otros habrán cumplido su función como entrenamiento. Publicar todo lo que escribes no siempre es constancia. A veces es simplemente falta de edición.
Segunda tarea: define a tu persona
Ten claro para quién escribes. Adapta el vocabulario, los argumentos, los ejemplos y el humor a lo que esa persona sabe. Basta un perfil sencillo: ¿a qué se dedica? ¿Qué conoce ya? ¿Qué le cuesta? ¿Qué decisión debería poder tomar después de leer?
¿Cómo se usa esa persona? Haz referencia a cosas que tu público conozca. Si escribes para aficionados a correr en Madrid, una vuelta por El Retiro es más concreta que «hacer deporte al aire libre». El texto deja de parecer genérico y se siente escrito para alguien reconocible. La persona influye tanto en qué escribes como en cómo lo cuentas.
Tercera tarea: aclara el propósito
Cuando sabes para quién escribes, llega una de las preguntas más importantes: ¿por qué?
Un buen texto resulta útil para quien lo lee. Puede ayudarle a entender, experimentar o hacer algo. Sin un propósito claro, un artículo se convierte pronto en un paseo sin mapa.
Para encontrar temas que resuelvan una tarea concreta, puedes partir de los micromomentos descritos por Google. Las búsquedas se agrupan en torno a cuatro intenciones:
- Quiero hacer algo — «¿Cómo activo un filtro para el daltonismo en la pantalla?»
- Quiero saber algo — «¿Cómo sé si un aguacate está maduro?»
- Quiero comprar algo — «¿Dónde encuentro una buena tienda especializada en el centro?»
- Quiero ir a algún sitio — «¿Qué puedo hacer este fin de semana?»
Esta perspectiva amplía de inmediato tu lista de temas. Otra fuente son los lugares donde tu público plantea preguntas reales: grupos profesionales, LinkedIn, foros o comunidades especializadas. Escribas sobre bodas o sobre cocina, las preguntas de tus posibles lectores son una mina.
Cuarta tarea: haz el trabajo
Una regla narrativa atribuida a Pixar dice, en esencia, que lo divertido de escribir no tiene por qué ser agradable de leer. Para un blog la reformularía así: si un texto no te da ningún trabajo, a menudo tampoco merece demasiado la pena para el lector.
La investigación es decisiva. Los datos, un detalle inesperado, una conversación con una persona experta o un ejemplo potente hacen que el lector sienta que ha invertido bien su tiempo. Imagina un artículo sobre qué hacer con la decoración después de una fiesta. Si escribes solo de intuición, obtendrás una colección de opiniones que casi cualquiera podría aportar. Si buscas datos, preguntas por experiencias y encuentras una historia sorprendente, crearás un texto que no está en todas partes.
Mi proceso es el siguiente:
- Anoto para quién escribo, sobre qué y con qué objetivo.
- Pongo por escrito lo que ya sé.
- No avanzo hasta poder nombrar lo que aún debo averiguar: datos, nombres de investigadores, ejemplos y fuentes.
La tercera parte, la más importante, consiste en…
Quinta tarea: decide cómo contar la historia
Puedes empezar con una historia. Funciona especialmente bien cuando lleva una emoción y un desenlace: una revelación, un cambio de perspectiva o un final inesperado. Pero no es obligatorio. Un ejemplo concreto al que vuelvas a lo largo del texto puede cumplir la misma función.
Aquí entra en juego tu estilo. Las comparaciones, el ritmo de las frases, el humor seco o una pequeña exageración te ayudan a explicar ideas conocidas de una forma reconocible. Eso sí, el chiste debe servir para algo. Si distrae de la tesis, es decoración, no una herramienta.
Sexta tarea: trabaja el título
El título hace gran parte del trabajo necesario para captar la atención. Escribe varias versiones y comprueba cuál promete un beneficio real sin engañar al lector.
Puedes recurrir a los desencadenantes de fascinación descritos por Sally Hogshead:
- Deseo — la promesa de placer o ganancia;
- Misterio — la insinuación de que el lector aún desconoce algo;
- Alarma — el coste de no actuar;
- Transgresión — la posibilidad de ver cómo fracasan otros.
No se trata de copiar fórmulas. Eliges de manera consciente la tensión que hará que la persona adecuada siga leyendo.
Séptima tarea: edita
Lee el texto antes de pulsar «Publicar». Elimina palabras de relleno y revisa la construcción de las frases y la puntuación. Después, dáselo a alguien que se parezca a tu persona. ¿Se entiende todo? ¿Suena natural el lenguaje? ¿Queda claro qué hacer después de leer?
Si la respuesta es sí, publica.
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Una idea útil cada vez — sobre marcas, decisiones, historias e IA. La escribo cuando hay algo que desarrollar, no para llenar un calendario.

